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Solo Un Corte De Luz

Hacía mucho tiempo que no veía así.
Tanto.
Sin casi ver.
Quiero decir, aquello que no es necesario ver se hacía visible tan contundente.
Tan claro.
Hacía tanto tiempo que no me pasaba.
Cierto es que hace mucho tiempo un corte eléctrico en el pueblo no demoraba tanto en solucionarse.
Entonces solo por poco había apreciado esa sensación. Había sido solo un destello.
En este caso todo fue diferente.
Mas de nueve horas pasaron. A oscuras.
La lluvia es mas lluvia cuando no la vemos.
Solo la entrecortan las luces de los autos que no sufrieron la misma suerte de las otras luces.
Los latidos, los nuestros, resuenan, pueden escucharse, están ahí ahora.
Vivimos.
Sin aturdirnos vivimos.
Sin sonidos estridentes vivimos.
La respiración no es solo un gesto de supervivencia. Dejó de serlo y ahora es también un sonido que se acopla a otros que hace mucho no oímos.
Porque el apagón parece afectar en gran parte a todo aquello que nos apagó antes a nosotros.
Ése puede ser el gran secreto.
Ése puede ser el milagro.
Siento como que somos iguales. Todos.
Estamos desnudos sin estarlo.
No es eso incluso lo que importa.
No me había dado cuenta hasta que lo sentí con tanta fuerza.
Siento.
Escucho incluso gritos lejanos que parecen de una pareja que intenta saltar un enorme charco y uno de ellos no lo logra. Ahora mueren de contagiosa risa.
Eso.
Se encendieron algunas risas. De las lindas. Aquellas que surgen de pavadas, de trivialidades, de cosas que uno hace cuando se siente libre, liberado.
Los amigos también ríen en reunión de velas. Algunos cantan.
Otros disfrutan el silencio espeso. Y respiran un aire mas puro que nunca.
Es que la luz a veces nos encarcela.
Aparecen ladridos de perros que mi vista no encuentra.
Hay un mundo subterráneo que se despereza cuando todas las luces (pero todas) se apagan.
Los ojos de los chicos se alejan de las pantallas y se abren enormes de asombro ante semejante oscuridad.
Se abren a otra vida que los desconecta. Y los conecta.
Se encienden amores ocultos en el medio de la plaza, que ha sido alcanzada por las mas negras tinieblas. Amores que cuando las luces se enciendan quizás jamás habrán existido.
Los televisores no nos guían por mundos que no queremos pero aceptamos. Están ahí, viéndonos a nosotros como les enrostramos semejante libertad, la que nos da solo un papel y un lápiz.
Le sacamos la lengua a las pantallas.
La luna apenas si aparece en lo alto. Y está bien.
Ni su belleza hoy es invitada por pertenecer a un mundo de brillos, cuando la oscuridad es la que manda.
Ya habrá tiempo de seguir admirando estrellas y luces en lo alto.
También es cierto que los dolores pueden ser mas profundos cuando las sombras acechan.
Pienso en eso.
Pero algo me lo saca de la cabeza.
Me choco con la brisa fresca.
Sin cerrar los ojos, no es necesario, ese vientito cerca puede ser una dulce caricia, aquella que uno espera.
Pueden ser los duendes de la noche eterna.
Mis sentidos vuelan. Hace tiempo que no pasaba.
Hasta que algo hace estallar todo en mil pedazos.
“¡¡¡La puta madre, cuándo viene la luz de mierda!!! ¡¡¡Me estoy perdiendo la novela!!!”, grita alguien a lo lejos o a lo cerca.
Como cuando un cristal se quiebra, recojo los pedazos de una buena historia.
Cierro mi ventana.
Decido irme a dormir.
Y está bien.
Adentro de uno también hay noches por buscar que pueden regocijar el alma.

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